Lloret, del sol y playa al turismo de borrachera

La población de Lloret, situada en la provincia catalana de Girona, fue durante muchos años un destino turístico familiar de sol y playa. Como muchas otras poblaciones de la zona de la Costa Brava se nutría de familias, principalmente francesas o españolas, que deseaban disfrutar de unos días de sosiego vacacional junto al mar. Todo eso ahora es pasado. Ahora la población se ha convertido en el paradigma del turismo de borrachera y de algarada. El turismo familiar ha dejado paso a visitantes mucho menos deseados y deseables. Lloret es noticia habitual en los medios de comunicación por sus disturbios nocturnos, por su violencia en reyertas de todo tipo y por los enfrentamientos a botellazos con la policía. Lloret se ha convertido en un claro ejemplo de turismo degradado. Los vecinos de la población están indignados y hartos de esta situación lamentable y los responsables políticos no saben cómo poner coto a la situación como no sea a través del control policial.

La cuestión que deberían plantearse los responsables públicos es por qué acude este tipo de turismo a la población y la respuesta no puede ser otra que porque encuentran todo lo necesario en ella para sus juergas y excesos. Hay muchas personas que se están enriqueciendo con este tipo de turismo, muchos locales que están teniendo grandes ingresos con este tipo de visitantes y, seguro que a reclamo de la situación irán acudiendo todo tipo de personas que querrán pescar en río revuelto por lo que, previsiblemente, la situación se deteriorará aún más.

La única manera de parar esta espiral de degradación es controlar los lugares y establecimientos que fomentan este tipo de actitudes. Eliminando la causa que lo origina se eliminarán los efectos que producen. Hasta que no exista un control riguroso de los locales y lugares que propician este efecto llamada, no se podrá eliminar esta situación. Tal vez la resolución del problema no está en controlar policialmente a los indeseables que acuden a la población atraídos por su oferta de ocio y alcohol, lo que habría que hacer es controlar los establecimientos que dan lugar a este efecto llamada para que la población pueda respirar tranquila y volver a sus orígenes de turismo familiar de sol y playa, ¿o es que, en el fondo, el asunto reside en que este otro turismo más tranquilo no reporta los mismos beneficios?

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