los perroflautas

He escuchado y leido en varias ocasiones, y en muy diferentes medios de comunicación, la mala imagen que dan los acampados del 15-M y la incidencia que esas acampadas pueden tener para la marca turística de nuestras ciudades. Quería escribir sobre esos jóvenes –y algunos no tan jóvenes- que han decidido emprender esa acción y si no es más perjudicial para nuestra imagen turística la policia golpeando con saña a los manifestantes. Quería hacer una reflexión en voz alta sobre las razones por las que se han levantado esos campamentos, pero después de leer el comentario de un blog que toca este tema, he considerado mejor reproducir esa reflexión en este apartado de opinion. Creo que ahí está perfectamente sintetizado todo cuanto quería exponer y seguramente con mejores palabras que las mías.

 Que no decaiga

“…Cuando leo o escucho a algunos individuos preguntarse a quien representan los perroflautas asentados en las plazas españolas, siempre me viene el mismo pensamiento a la cabeza.

Muchísimas parejas españolas no pueden tener hijos. Quisieran, pero no pueden.  Da miedo coger una baja en el trabajo porque el horno no está para bollos. A ver quien es el valiente que pide una jornada reducida. Las guarderías cuestan un ojo de la cara. Los abuelos no están para cuidar a los críos, entre otras cosas porque probablemente les hayan alargado la edad de jubilación, entre otros conflictos porque, justamente, los españoles tenemos menos hijos de los que deberíamos para que puedan soportar los gastos de la seguridad social cuando lleguen a la edad de trabajar.

Los niños reciben una educación de vergüenza. La mayoría son educados por las consolas wii y por la televisión mientras sus padres trabajan de 9 a 19 o se rebanan los sesos haciendo cuentas para llegar a final de mes.

Muchos jóvenes tienen asumido que, sin importar la cantidad de carreras que tengan (dato interesante, sale más caro estudiar una segunda carrera en España, como aquel que dice, se penaliza al que quiere saber demasiado dejándolo sin las becas y ayudas que ofrecen para la primera carrera), lo más natural es que acaben trabajando en un bodrio de empresa, con un contrato por obra y servicio, con un sueldo de risa y unas condiciones de llanto.

Los que llamaremos adultos, se encuentran como decía antes sin la posibilidad de tener hijos, viviendo con una hipoteca que no pueden pagar o con un alquiler abusivo mientras montones de casas permanecen vacías en el vecindario, en ocasiones porque han echado a los dueños por impago después de que los hayan despedido de sus tristes trabajos gracias a los contratos de obra y servicio y otras lindezas.

Los que quieren poner un negocio no consiguen créditos, los que intentan ser autónomos solo lo intentan, después de pagar los IVA se tienen que atiborrar de prozac y tranquimazín. Como no hay genéricos tienen que pagar el precio completo.

Los adultos más maduros se encuentran sin trabajo después de llevar toda su vida trabajando. Esperen que repito. Después de trabajar toda su vida resulta que su jubilación corre peligro. Imposible encontrar trabajo porque no hay empresarios que puedan crear empleo, y los pocos trabajos que hay disponibles ya están ocupados por los jóvenes con dos carreras y un master que tienen suerte si pueden llamarse a si mismos becarios.

Los mayores que han llegado a la (sarcásticamente conocida, estoy segura) edad dorada, no llegan a final de mes. De nuevo, esas personas que han trabajado desde su adolescencia ahora tienen que contar las monedas en la cola del supermercado.

La crisis ha hecho mucho daño en todo el mundo, ha pasado lo que tenía que pasar. Unos pocos han robado mucho, los demás nos hemos dejado robar encantados de la vida por un sistema claramente deficiente, y nuestros representantes han sido demasiado estúpidos o demasiado ladrones, incompetentes sería el mejor adjetivo, para prevenir y luego afrontar la situación.

Pero las cosas llevan mucho tiempo funcionando mal (desde antes de la famosa crisis) sin que nadie levante la voz más que para pedir otra cerveza. Cuando imaginamos cómo podríamos ser y vemos cómo somos, pasa lo que pasa. Y lo que pasa es que la gente se ha cansado, esta vez de verdad.

Los perroflautas de las plazas, como los llaman los listillos, nos representan a todos. A todos. A los niños que no pasan suficiente tiempo con sus padres y reciben una educación absolutamente lamentable. A los jóvenes que han perdido la esperanza en un futuro mejor. A los adultos que estaban convencidos que las peores batallas económicas y laborales de su juventud habían pasado a la historia. A los mayores que no pueden disfrutar de la tranquilidad después de haber luchado toda la vida. Nos representan a todos. Y si por primera vez me siento realmente orgullosa de este país desastroso, es sin lugar a dudas, gracias a ellos.  Porque hay gente que lucha esa guerra entre el quiero y el puedo. Porque hay gente que se acuerda que la sociedad no es un extraño al que hay que dar explicaciones o que nos impone ciertas normas, la sociedad somos nosotros, no el cabeza de turco al que van a parar las culpas y reclamaciones. Porque tenemos derecho a sentirnos representados entre la clase política, y eso no sucede porque votemos cada cuatro años, sino porque los que hemos votado (y los que no hemos votado) nos escuchen.

La democracia no es un regalo. Tantos murieron intentando defenderla, tantos lucharon por ella, y sacrificaron lo que la mayoría de nosotros no podemos más que imaginar. Ahora que disfrutamos de ella, debemos cuidarla. Es nuestra absoluta obligación como ciudadanos no dejar que se convierta en una burla de lo que debería ser. El poder es del pueblo, nosotros somos el pueblo, tenemos derechos fundamentales, tenemos dignidad y lo más importante, tenemos razón.

Que no decaiga.”

 http://lara.archeologistsofshadows.com/2011/06/que-no-decaiga/

 

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Una respuesta a los perroflautas

  1. Morgana dijo:

    Dudo que sean mejores palabras, eso para empezar. Personalmente no me cabe duda de que la mala imagen de cara al turismo no ha sido dada por los acampados. Como mucho el turista se marchará con una anécdota y un trocito de la historia europea en su cámara de fotos. La policía desalojando a porrazos, eso es otro cantar. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

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